jueves, 11 de febrero de 2010

Pi-pi-pi-pi-pi. Pi-pi-pi-pi-pi. ¿Qué es eso? ¿Dónde estoy? La despierta el puto despertador. ¿Qué día es? Una mierda. No se acuerda de nada. Joder. Como odia estas mañanas de nosedondeecoñoestoy. Pero de golpe recuerda. Si, está en su cama, claro. ¿Dónde sino? Absurda. Se siente asquerosamente absurda. Ni si quiera ha intentado abrir los ojos. Y no tiene ganas de amanecer. No, esta mañana no. Apenas recuerda nada de la noche, pero aún conserva el sabor a alcohol en la boca. Y probablemente en las venas. ¿Cuánto ha dormido? Igual nada. Ni si quiera ha soñado. Abre los ojos. Entra un poco de luz por la persiana medio abierta. No va a amanecer, no. No tiene putas ganas. Mierda. Se siente mareada. Joder. Intenta levantarse lentamente. ¿Qué es eso? ¿Sangre? Las sabanas blancas. Rojas. Anoche se quedo en casa. No salió pero se bebió sola una botella de vodka. No podía dormir. El insomnio es un hijo de puto. Quería apagar el dolor que la desgarraba. Odiaba la soledad. Y se sentía más sola que nunca. Igual que esa chica de enfrente. La vio en la ventana. Estuvo observándola. Lloraba. Y lloró muchísimo mientras la miraba. Que hija de puta la tristeza. Se emborracho con ella. Sola. Tristeza. Dolor. Sangre. Silencio. Nada.

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